22 agosto, 2006

Fuero Paternal

La última joyita de la creatividad de nuestros diputados:
Un fuero para los trabajadores hombres que acaban de ser padres y tienen cónyuges que no ejerzan dicho derecho (o sea que no trabajan). El motivo no queda claro, y parece ser una extensión equivocada del concepto existente para la madre trabajadora (que ya era discutible).

Veamos: ¿Por qué habría que dar un fuero al trabajador o trabajadora que tiene un hijo? Se me ocurren dos interpretaciones:

1.- Que el empleador vea el embarazo con malos ojos, pues de alguna manera menoscaba el rendimiento de la trabajadora (condición más delicada, aumento de ausentismo, distracción, decaimiento, o algo en esa línea) y por ese lado pretenda sustituirla por otra persona que no esté sufriendo dichas dificultades. Esto podría ser cierto, hay trabajos en los que el estar embarazada es efectivamente un factor de disminución de la productividad. No es en todos, pero un ejemplo es el de las tripulantes de cabina de un avión que deben dejar de prestar servicios a bordo de inmediato, por lo que al menos por los 9 meses de embarazo más el post natal, tendrían una productividad cero en sus faenas habituales (un porcentaje se podría re ubicar en otras faenas, pero no todas). Es evidente que la posibilidad existe, no en todos los trabajos como ya se indicó, y que se incrementa en aquellos puestos que requieran menor capacitación, experiencia o en que el costo de cambiar al personal sea bajo.

2.- La otra posibilidad es que no haya impedimentos de ninguna especie, que la trabajadora no presente modificación en su rendimiento, y por lo tanto su puesto de trabajo no está amenzado por el embarazo, pero sí por las condiciones propias del mercado (como lo estamos todos los empleados), y que el Legislador simplemente quiere entregar un beneficio al niño y su madre garantizando su manutención por el período del embarazo y algo más (un año en Chile).

Vemos que en ambos casos un bien social (asumamos que lo es) se está financiando por la vía de subir el costo de producción de una empresa específica. Es decir un beneficio valorado por todos los chilenos lo financian los empresarios que contratan mujeres que se embaracen y los consumidores de esos bienes. Si dichos atributos se distribuyen homogéneamente a lo largo de la economía, cada industria colaboraría en la proporción que representa en la economía a pagar dicho costo. Pero si no es así, se produce la paradoja de que aquellas empresas que contratan más mujeres y con mayor sueldo pagan un mayor porcentaje de este costo social que aquellas empresas "machistas" que no colaboran con nada. (Supongamos que los consumidores compran a ambos tipos de empresas). De hecho CODELCO ("el sueldo de Chile") colaboraría poco y los colegios con muchas profesoras cargarían con un tremendo costo.

Resulta por lo tanto razonable concluir que si el Estado quiere proteger a la madre y a su niño, lo que debiera hacer es entregar un subsidio a la maternidad en la forma de un seguro de desempleo (para aquellas que pierdan el trabajo), y no obligar a una empresa específica a asumir sola el costo, pues eso no sólo implica una distorsión en la libre contratación que debiera haber en un mercado eficiente, sino que además es fuente evidente de discriminación (directa o encubierta) en contra de las mujeres en edad fértil. De esta manera aquellas madres que no disminuyen su productividad y que no pierden su empleo seguirán aportando a la sociedad el fruto de su trabajo, y aquellas que sí vieron afectadas sus posibilidades por el embarazo y en que el costo de capacitar un reemplazante es muy bajo quedarán protegidas, así como su hijo.

Cabe preguntarse si se debiera proteger en el caso de que el motivo sea de mercado, y no una merma productiva producto del embarazo (supuesto que se pudieran distinguir), cuando lo obvio es que la mujer busque otro trabajo. Al respecto, parece razonable pensar que una mujer embarazada sí tendrá más dificultades para obtener un nuevo trabajo, motivo por el cual se justificaría un apoyo especial. En efecto, quién querrá contratar a alguien para que apenas termine su período de entrenamiento presente una linda licencia por 5 meses.

¿Es aplicable este criterio a un padre trabajador? Evidentemente el primer caso no parece muy realista: la emoción de ser padre es maravillosa pero no creo que produzca un detrimento de la capacidad productiva (tal vez un poco de falta de sueño después del parto). Por otro lado, si bien puede mantener su rendimiento igual puede perder el empleo. ¿Califica eso para protección? ¿Por qué al padre "embarazado" y no a otros padres? No se vé muy claro que el hecho de que su señora esté embarazada vaya a dificultar la capacidad del marido de encontrar trabajo, por lo que no es atribuible al embarazo la necesidad del apoyo, razón por la cual no correspondería darle una protección diferente a las que ya existen (indemnización por despido y seguro de desempleo). Por último, si alguien estimara que la situación del padre esperando un hijo es diferente a la de los demás padres, se podría justificar un subsidio del estado, pero no un fuero. Y aún así, habría que explicar convincentemente por qué esa diferencia entre un padre y los demás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me parece que los análisis que haces no tienen relación con la realidad del país...claro que el papá de un recién nacido necesita protección para (asumamos) poder mantener a su hijo y el tema de que va a encontrar trabajo tan fácilmente es el problema... tan fácilmente como qué? 4meses 6meses? cuánto...