01 agosto, 2006

Neonazis, KuKluxKlan y el valor de la información.

Hace tiempo que quiero felicitar al periodista Leonardo Núñez por su reportaje "Santiago X". En él cuenta su experiencia como infiltrado en un grupo neonazi. Los grupos que se basan en el terror y la violencia para llevar a cabo su lucha política tienen entre sus principales armas el poder de la información privilegiada. El cómo funcionan estos grupos es un secreto que sólo conocen los que lo integran, o a veces sólo algunos, y esta información le da valor al grupo ya que el desconocimiento de la población es el que inspira el miedo a estos grupos.

En el caso del Ku Klux Klan, la historia de su fin se relaciona directamente con la pérdida de su información privilegiada. En este caso el infiltrado, Stetson Kennedy, decidió que la mejor alternativa era dar a conocer los códigos del clan a los guionistas del programa de radio de Superman a fines de la década de los 40. Con esto, no sólo se conoció la dinámica interna del Klan sino que también sus integrantes se sintieron extremadamente ridiculizados. Honestamente sus códigos eran bastante infantiles y ridículos, por ejemplo a la mayoría de las palabras se les incorporaba una KL: dos klavalleros del klan tienen una klovensarción en la klaverna. Esto fue suficiente para que el KKK de a poco se desintegrara y acabara. (Un buen resumen de esta historia, aunque un poco polémico, es el que está en el capítulo 2 del Freakonomics).

Conociendo el funcionamiento de estos grupos, el miedo a ellos y con esto las ventajas que tienen por sobre la sociedad disminuyen tremendamente. Por eso, felicito al periodista. Porque el conocimiento es poder (Francis Bacon).



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno que en este blog las citas se hagan en forma precisa y no en el aire. Todos hemos escuchado que "el conocimiento es poder", pero curiosamente pocos "conocen" a su autor. De hecho la frase original es en latín "Ipsa Scientia Potestas Est" y está en el libro " Meditationes Sacræ. De Hæresibus". de 1597.

Anónimo dijo...

Bueno, si creemos realmente en la libre expresión, y en la libre difusión de informacion, como parte de nuestra creencia en el libre mercado, entonces deberíamos abogar por que se eliminen las restricciones de entrada al mercado de las ideas para estos grupos, y dejarlos expresarse libremente, porque si suponemos que sus ideas son "malas" o ridículas, simplemente la mayoría los rechazará y quedarán en evidencia como un grupúsculo menor.

Pero si por el contrario se insiste en reprimir la expresión de esas ideas, el mero hecho de la censura les dará un atributo adicional a los ojos de muchas personas atraídas por lo prohibido, que en otros casos simplemente no prestarían atención a esas ideas si se las permitiera difundirse libremente. Por tanto como economistas debemos oponernos a cualquier medida que intente censurar o reprimir ideologías, por mucho que estas nos desagraden.

Anónimo dijo...

Uno de los componentes básicos para el funcionamiento de un libre mercado, es la libre circulación de la información. Por tanto como economistas deberíamos oponernos a que se impongan barreras de entrada para que grupos como éstos difundan sus ideologías, ya que si las dejamos participar en el mercado de las ideas, los consumidores elegirán libremente, y si confiamos en que estas ideas son "malas" o "diabólicas" o simplemewnte "ridículas", debemos confiar en que las preferencias de lso consumidores llevarán a un rechazo masivo de ese "producto".

Por el contrario, al censurarlas, el manto de lo prohibido les da un "atributo" adicional para muchas personas que le dan mucha utilidad a lo prohibido en si mismo

Anónimo dijo...

Me resulta bastante espeluznante pensar que pasaría si todas las ideologías se ofrecieran libremente en el mercado y la ciudadanía optara por ir probando cual es la que más se acomoda a sus preferencias.
Es muy probable que si alguien “promociona” la creación de un grupo que se dedique a asesinar bebes recién nacidos, el mercado lo castigue y la idea no prospere. Pero, que pasa si esto no ocurre, que pasa si un grupo de individuos se interesa en la idea y la comienza a practicar. Tampoco deja de intrigarme que pasaría en el tiempo intermedio entre que comienza a surgir esta “ideología”, y el momento en el que las preferencias de los consumidores llevaran a un rechazo masivo de este producto. Me parece un tanto arriesgado esperar a que venga una mano invisible a solucionar un problema en el cual la vida de muchas personas peligra.

Andres Illanes dijo...
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Andres Illanes dijo...

Daniel Rojas señala que le "resulta bastante espeluznante pensar que pasaría si todas las ideologías se ofrecieran libremente".
Estoy de acuerdo en que es un "riesgo" pues eventualmente como sociedad perdemos tiempo en malos experimentos. Pero por otro lado no se me ocurre ningún método alternativo para progresar que no sea el libre debate de las ideas. Estoy de acuerdo con proteger a los niños respecto al debate (cosa cada vez más difícil de aislar) y de que se definan reglas claras que permitan moderar la forma en que el debate se lleva a cabo, pero, en el límite, si una idea es suficientemente poderosa como para captar adeptos pretender proscribirla por ley es iluso.
Sin ir más lejos, a mí en lo personal me impacta que se hable tanto de que no puedo imponer mis ideas al resto, o mi religión y sin embargo hay quienes pretendan imponerme su forma de ver la solidaridad subiéndome los impuestos. Eso demuestra que el modelo en que estamos no nos "protege" de que las ideas que no compartimos nos gobiernen.