Hace algunos días el ex Presidente Ejecutivo de Enron, Jeffrey Skilling fue sentenciado a 24 años de prisión luego de haber sido declarado culpable de conspiración y fraude por participar en una trama de operaciones ilegales que finalmente significaron la quiebra de la Compañía.
Enron, empresa de energía eléctrica de los EEUU, llegó a ser una de las 10 compañías más grandes del pais para luego quebrar en diciembre de 2001, luego que se conocieron grandes vicios en el registro contable de sus operaciones, orientados tanto a ocultar deudas de la empresa como a “inflar” sus ingresos, de modo de aumentar sus utilidades y de este modo buscar engañar al mercado y por supuesto también aumentar los beneficios de sus ejecutivos.
El mayor beneficio para los ejecutivos, además de los muchos millones de dólares de honorarios que recibían, era el aumento de valor que experimentaban las “opciones “ de compra de acciones que ellos tenían, como parte del conjunto de incentivos incluidos en su plan de compensaciones.
Dos ideas que de manera directa o indirecta estuvieron siempre presente en las discusiones de los casos Enron, Worldcom y otros similares que ocurrieron hace 3 o 4 años, fueron las de “crisis de la contabilidad” y “regulaciones”.
De hecho un conocido político daba los casos de Enron y Worldcom como ejemplos de la conveniencia de la intervención del Estado en la economía. Implícito en su ejemplo, estaba la idea que a mayor regulación menor probabilidad de actos ilícitos o reñidos con la ética en las empresas.
Mi impresión es, por una parte, que no hemos estado frente a una “crisis” de la contabilidad y por otra, que mayores regulaciones no necesariamente garantizan una disminución de hechos como los conocidos. A mi juicio, este tipo de hechos, ocurren fundamentalmente como resultado de una grave falta de valores de algunos de aquellos que quienes tienen responsabilidades en la gestión, auditoría y análisis de las empresas. Pero también falta de prudencia (¡la prudencia también es un valor!), en quienes generan incentivos desmesuradamente orientados a los resultados y al precio de mercado de las acciones de las empresas (por desmesurados entiéndase cifras cercanas al 80% de las remuneraciones).
En el caso de Enron, lo que ocurrió fue una combinación de factores y de circunstancias de las que demos aprender para que esto no ocurra o para disminuir la probabilidad de que ocurra en nuestro medio. La falta de integridad de algunos ejecutivos que entregaron información tergiversada de las empresas, la falta de responsabilidad de algunos auditores en el ejercicio de su funciones, la falta de objetividad de algunos analistas que, involucrados en negocios con las compañías que se suponen deben analizar con independencia, llegaron a mezclar intereses contrapuestos en sus opiniones, fueron algunos de los factores que llevaron a la quiebra a Enron, pero más delicado que ello, que llevaron a la cárcel a Jeffrey Skilling y a varios otros ex ejecutivos de Enron.
Pero la conclusión que más me interesa compartir con ustedes, es que yo realmente no pienso que la principal de las crisis sea de la contabilidad o de la regulación, sino de valores, de integridad de algunos actores del mercado en los que ocurrieron esos hechos. La situación general en nuestro país no parece ser la descrita, sin embargo debemos preocuparnos por lograr que el desarrollo de nuestras empresas se sustente sobre una base valórica sólida que nos permita crecer “plenamente”, de otro modo podremos estar incentivando a que el sistema sea atacado por quienes siempre querrán destruirlo.
30 octubre, 2006
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2 comentarios:
También creo que los valores son el mejor punto de partida, pero nunca existe la certeza de que estén. Tampoco soy partidario de incrementar los controles y regulaciones al infinito: son costos, no sólo directamente, sino porque destruyen oportunidades (Quienquiera que haya administrado una empresa en que todo se haga por licitación sabrá de qué estoy hablando). Por último, mi espíritu esencialmente liberal tiende más a privilegiar que los “eternos vigilantes” (como diría Jefferson) sean los propios interesados. Ello quiere decir que en una empresa privada, son los dueños quienes deben preocuparse y tomar más precauciones; particularmente si se sabe que hay potenciales conflictos de interés entre los analistas y los bancos de inversiones (aunque les pongan “murallas chinas”). Los casos como Enron no son más que el incentivo a que ese cuidado se produzca: no hay ningún perjudicado en este caso que no tenga que reconocer que se “dejó llevar”: los directores, accionistas, analistas, auditores, bancos de inversión, etc. Los daños o el descrédito sufrido son el mejor incentivo para que pongan “más ojo para otra vez”.
Vuelvo a Gálvez, al final la mejor supervisión es incapaz frente a un delincuente decidido, por lo que pensar en el mundo con “riesgo cero” de fraude es falso. Y la histeria colectiva clamando por más regulación es sólo sobre reacción.
¡Y lo mimo ocurre para Chiledeportes! Sólo que en esa caso mi mirada es distinta: como no hay dueño no me cabe duda que se va a seguir perdiendo plata. Yo lo cerraría de frentón.
De casualidad en el IPC encontré la opinión del profesor Julio Gálvez acerca del caso Enron e inmediatamente me llamó la atención puesto que hace un par de años en mi ramo de derecho comercial revisamos este caso con cierta detención.
Sólo con la intención de hacer un pequeño aporte quisiera llamar la atención sobre otro de los puntos en los cuales el caso Enron marcó un quiebre enorme: ¿Es correcto (y razonable)que las funciones de consultoria y auditoria, las cuales necesitan independencia y responsabilidad, sean llevadas a cabo por una misma empresa?
Ahora, ¿por qué es interesante hacerse un cuestionamiento acerca de sí, por ejemplo, Ernst & Young debe o no separar sus funciones de auditoria y consultaría respecto a sus clientes?
Es interesante, a mi parecer, por dos motivos principales.
El primero de ellos aparece a todas luces como el más sincero: la cantidad de dinero involucrada. Que Andersen haya ofrecido entre US $700 y US $800 millones por un acuerdo extrajudicial con los afectados por la quiebra no es cosa pequeña.
El segundo motivo de interés, quizá menos concreto pero a la larga más determinante, es el hecho de que podemos estar frente a un foco de corrupción tremendo, el cuál, de no ser detenido a tiempo puede dar a luz muchos más Enronazos a lo largo del mundo.
Clarificando conceptos,creo que podemos decir que una auditoria consiste en llevar los números y una consultoría en ayudar a que esos números permanezcan azules y multiplicándose. Ahora, ¿qué pasa si las cosas van mal en los negocios en los cuáles tu propusiste soluciones y tienes la posibilidad de manejar las cifras para que parezca que tus soluciones fueron acertadas?
La pregunta anterior admite dos respuestas:
1. Manipulas las cifras a tu favor.
2. No las manipulas.
De manipularlas; Enron no te va a dejar dormir tranquilo. De no manipularlas; probablemente vas a durar menos en el puesto que los auditores de Enron.
Como van las cosas pareciera entonces que lo mejor es separar las funciones auditoras y consultoras pues así no se dan posibilidades de manipulación de cifras y quizá cuanta cosa más.
Pero aquí es donde creo se debe responder con una pregunta: ¿Uno trabaja mejor lo suyo o lo del otro?. Sin duda alguna se trabaja mejor lo de uno; en eso no creo que haya discusión.
Cuando una empresa auditora cumple además funciones consultoras se adentra en los lineamientos de la empresa intervenida y, obviamente, busca el bien de ese cliente: ese es su trabajo y allí es dónde creo está el punto principal: siempre el que lleva las cuentas es el que mejor sabe que es lo que hay que hacer y que no.
Todos los inconvenientes que puede traer que las empresas auditoras presten funciones consultoras creo yo son marginales a los beneficios que las mismas empresas intervenidas pueden obtener con empresas externas que se involucren en sus labores. Las cosas tendieron a eso naturalmente, y ello, por algo pasa.
Las soluciones a casos como Enron pasan, en parte, por una normativa que sea exigente en la información pero ¡por favor! que no burocratice las cosas y, además, por un mercado de consultoras-auditoras que haga sentir las caídas del otro; en fin, que el de al lado siempre busque hacer las cosas bien porque sólo así va a seguir siendo un agente confiable para el mercado.
Guillermo García Moscoso
Estudiante Derecho UC
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