
Me he enterado por el blog de Greg Mankiw de un interesante estudio hecho por Xavier Gabaix sobre las rentas de los CEO en Estados Unidos. Como pueden ver en el gráfico estas se han multiplicado por 6 en el período 1980 2000 y la pregunta que se hacen es cómo explicar esa "explosión" (que a muchos gringos los tiene bastante indignados, como Krugman por ejemplo). Aquí el abstract (cuyo coautor es Augustin Landier):
This paper develops a simple equilibrium model of CEO pay. CEOs have different talents and are matched to firms in a competitive assignment model. In market equilibrium, a CEO’s pay changes one for one with aggregate firm size, while changing much less with the size of his own firm. The model determines the level of CEO pay across firms and over time, offering a benchmark for calibratable corporate finance. The sixfold increase of CEO pay between 1980 and 2003 can be fully attributed to the six-fold increase in market capitalization of large US companies during that period. We find a very small dispersion in CEO talent, which nonetheless justifies large pay differences. The data broadly support the model. The size of large firms explains many of the patterns in CEO pay, across firms, over time, and between countries.
En otras palabras el mercado estaría funcionando en forma bastante competitiva, dado que el aumento está asociado directamente al aumento del valor administrado ( o sea al VPmg), pero indica también que el grupo de ejecutivos talentosos es bastante escaso (oferta muy inelástica) para explicar eso. Una posibilidad es que el grupo es efectivamente pequeño. Otra posibilidad es que la posibilidad de acceder a esas posiciones está fuertemente cerrada (y defendida por leyes como las que impiden la inmigración de talento nuevo). Si es lo segundo, los gobiernos corporativos debieran pujar para que eso se modifique. Si es lo primero, entonces don Carlos Peña podría extrapolar su análisis del pasado domingo a los Estados Unidos, y pedir gravarlos con impuestos como manera de "socializar democráticamente sus talentos" (es lo que plantea Peña). Independiente de que al gravarlos pueden "escapar" dedicándose a jugar golf y trabajando menos (con la consiguiente pérdida social, en el tiempo), no comparto las bases filosóficas que plantea don Carlos. Al respecto le contesté en su blog:
Hay un par de elementos que me intrigan de la columna de don Carlos. El primero es la tésis de que las cuotas de poder se asignan o distribuyen. Al respecto, debo señalar que ninguna existe por sí misma como algo a ser distribuido, sino generado. Particularmente en el caso del producto (ingreso): simplemente no existe en estado virgen para ser repartido. Por lo mismo, suponer que los talentos son en sí mismos criterios de asignación no es correcto, pues un talento que no "crea" simplemente no recibe recompensa (crea riqueza, crea poder, crea prestigio, lo que sea). La esencia de una relación libre entre las personas consiste en que si lo que me aportas me interesa, te compenso por ello, y si no, simplemente no recibes nada. El talento puro no sirve, pues sólo es tal en tanto cuanto los beneficiarios lo consideren así (por eso hay tanto "artista incomprendido"). Esa es la nobleza de un sistema libre: no soy yo el que define si tengo talento y merezco recompensa, ni tampoco un comité de hombres buenos, sino cada una de las personas que consideran que lo que aporto vale la pena.El segundo punto que me intriga es la tésis de que la sociedad democrática es aquella que supera las distribuciones aleatorias del talento natural para considerarlo como propiedad común. La verdad es que el talento o es personal, o no existe. Y por lo mismo su capacidad creadora sólo se manifiesta cuando la persona libremente lo ofrece a la sociedad... por lo tanto tampoco está en condiciones de ser repartido como un bien común, al modo en que lo podría ser la tierra. Suponer que la democracia consista en repartirse los talentos de otros no tiene más carácter de justicia que el que podría tener la esclavitud. Simplemente un grupo mayoritario decide repartirse lo que crean o pueden crear otros. Difiero mucho de esa visión democrática.
La respuesta de él:
Estimado señor Illanes: Muy interesante su punto. De veras. El artículo podría entenderse como si yo creyera que la cantidad de bienestar es fija y de lo que se trata es simplemente de repartirlo. Y, claro, hay que crearlo. El asunto puede ser mejor expuesto como sigue. A ver qué le parece. Los talentos (la inteligencia, la disposición al trabajo, etcétera) se distribuyen aleatoriamente entre los grupos. Podemos suponer que las diferentes condiciones sociales iniciales, potencian a algunos y empañan los talentos de otros. Luego, si no hay igualdad hay pérdida de bienestar social. Los contratos (es decir, los intercambios voluntarios son muy relevantes) pero hasta los contratos reposan sobre reglas no contractuales. El mundo que usted dibuja me recuerda al de Nozick.
Comparto una cierta cercanía con Nozick (más por afinidad con Hayek), pero creo que Carlos Peña no ha captado mi punto esencial que es que si los talentos no pueden ser separados de las personas (como sí pueden serlo otras cosas, como la tierra) entonces no hay forma de "socializarlos" que no sea injusta por el sólo hecho de convertir a la persona en medio para otras personas (necesito que trabajen para que produzcan y repartir sus frutos....). No creo que la democracia consista en repartirnos el trabajo o talento de los demás, aunque estoy cierto de que tampoco puede ser un esquema social en que cada uno va por su lado...
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