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por: Rodrigo Vergara
El tercer trimestre la economía creció a un magro 2,9%, la menor tasa de crecimiento en tres años. Fue incluso peor que lo esperado. Con esto, más la leve revisión a la baja del crecimiento del primer semestre, el año cerrará en torno a 4,3%, muy por debajo de la proyección de cerca de 6% de principios de año y bastante por abajo del 5% que pronosticara el gobierno hace sólo un mes y medio cuando entregó el presupuesto. Y eso que se trata de un año con términos de intercambio récord y con una economía mundial que lleva ya varios años creciendo a tasas históricas.
Mientras unos enfatizan la parte transitoria de este menor crecimiento (efectivamente hubo hechos puntuales, particularmente en la minería) a otros nos preocupa más que la tendencia parece haberse quedado muy rezagada. Es cierto que las cosas parecen estar dadas para que el próximo año sea mejor (impulso fiscal, baja del petróleo, entre otros), pero eso no servirá de mucho si no hay un repunte permanente. El empleo y la reducción de la pobreza dependen crucialmente del crecimiento, por lo que es clave ponerse las pilas en este tema. Las autoridades han reconocido que aquí hay un problema y eso es positivo. Han entregado algunas medidas, todavía tímidas, para impulsar una nueva etapa de mayor crecimiento y se ha anunciado que pronto se entregarán nuevas medidas para eliminar las cada vez mayores trabas que hay a la inversión. Ojalá que se trate de “medidas de verdad” y que se concreten a la brevedad posible.
23 noviembre, 2006
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