19 julio, 2006

Cuando los ricos se juntan

Últimamente en Estados Unidos ha habido bastante intercambio de opiniones respecto a las riquezas que Bill Gates y Warren Buffet han juntado para constituir el Superfondo de filantropía más grande del mundo. Algunas discusiones han versado desde por qué Buffet entrega esa cantidad de plata (31.000 millones de dólares) a una fundación (Bill and Melinda Gates Foundation) que está partiendo con otros 100.000 millones. Notable el comentario del Economist respecto a lo irrefutable lógica de esta decisión "quién mejor para administrar la plata de Buffet que el único en el mundo que ha sido capaz de genera más que él".
Pero el tema que ha surgido con más fuerza es la visión sobre cómo es posible que haya personas que generen tanto dinero, ¿suerte, talento o puro aprovechamiento?, y qué se debería hacer ante esta evidente dispar distribución del ingreso. Según Brian DeLong, de Bekeley, en un 60% le da lo mismo dada su visión socialdemócrata, mientras que por otro lado el libertario en él se opone a intervenir en forma adicional a lo que ya lo hace el Estado. Por su parte, Arnold Kling, del Cato Insitute, señala que para decidir requeriría saber si el 1% más rico de la población realmente aporta a la sociedad un aumento de la torta equivalente a lo que se llevan, o si sólo han encontrado una forma de aumentar su participación sin incrementar la torta, poniendo su duda sobre los CEO de las Fortune 500.
Por mi parte el libertario en mí está convencido de que me da lo mismo si la riqueza que tienen la obtuvieron por la vía de talento y aporte o si estúpidamente se las regalaron los accionistas de las empresas que gerentean. Como no es fácil saber cuál es cuál, me parece que son los mismos accionistas los que deben procurar determinar si lo que pagan a dichos gerentes se correlaciona con el aporte que esos CEO hacen a las empresas, o simplemente cambiar la administración (por último, siempre pueden vender las acciones y cambiarse a otra empresa que sí les parezcan bien administradas). Evidentemente dejo fuera los casos tipo ENRON, donde hay un evidente fraude a la fe pública y no sólo una mala negociación en que alguien está obteniendo más de lo que produce. El peligro de eliminar la creación de riqueza que sí hacen los talentosos y productivos por la vía de empezar a controlarles los retornos sobre su trabajo, es mayor que el de unos pocos charlatanes que a la larga son siempre descubiertos.
Por otro lado, el católico en mí observa con envida la capacidad de la sociedad norteamericana de generar ejemplos de filantropía liberal (más allá de en qué se gastan la plata) que pocas veces he visto en nuestras sociedades latinoamericanas. A ver si logramos convencer a nuestros millonarios de que "hay más alegría en dar que en recibir".

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