La historia más notable que he leído últimamente. Pero antes una pequeña introducción:
¿Cuál es el "valor" de un vaso de agua? ¿Cuál es el "precio justo" de un clip rojo? Una de las cosas que desde afuera de la profesión no siempre se logra entender es que el valor de un bien o servicio es esencialmente un atributo que le dan las personas y no un elemento propio del mismo. Las cosas no tienen valor sino cuando una persona las desea, quiere, anhela, necesita... Por lo mismo, lo que para una persona puede ser valioso, para otra no lo es tanto, y por eso surge el intercambio, con mutuo beneficio. Dado que ambos participantes quedan más felices, decimos que se "creó" riqueza. En estricto rigor la cosa transada sigue siendo la misma, pero ahora está en manos que la valoran diferente.
Incluso a los economistas a veces se nos olvida, y entonces tiene que venir un "administrador" a demostrarnos que los mercados no están siempre equilibrados (digamos que no lo están casi nunca), que las oportunidades de arbitraje existen y que si uno está dispuesto a poner un bien ahí donde vale más, puede lograr que un vaso de agua que aquí no vale nada, valga $10.000 en el desierto o que un clip rojo valga una tarde con Alice Cooper o una casa en Canadá!!!.
Vean la historia de Kyle MacDonald un emprendedor que demostró todo lo anterior. Y a ver qué se les ocurre!
Gracias a Tyler Cowen de Marginal Revolution por el dato.
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7 comentarios:
Aunque encuentro valioso tu comentario, debo hacer notar que importantes filosofos contemporaneos como Scheller y Ortega y Gasset reconocen que el valor de las cosas es algo objetivo; por más subjetiva que sea nuestra valoración de ese objeto.
No olvidemos que los criterios de utilidad son solo herramientas que nos permiten modelar una realidad que es objetiva y superior a nosotros; Que hay cosas que no caben en la funcion de utilidad, pero tienen infinito valor. Que hay cosas que aunque no son "utiles" para todos, tienen infinito valor intriseco.
Cuidado con las palabras que usamos (los economistas no nos caracertizamos por ser rigurosos en nuestro lenguaje), si "Las cosas no tienen valor sino cuando una persona las desea" (como dices), entonces ¡viva el aborto y la pildora contra los hijos no deseados!
No creo que esa haya sido tu intención...
cuidado con tus palabras: "Que por la boca muere el Pez"
Gracias por las páginas y los datos.
Respecto al comentario del usuario anónimo debe recordar que:
Es la economía neoclásica la que defiende que no es la demanda de un bien lo que determina su precio, sino su utilidad marginal.
El valor de un bien no tiene que ver con las propiedades del bien, sí no con las actitudes de las personas hacia el bien.
Y CArlos Marx el que dividía entre valor de uso y valor de cambio para justificar su teoría dela apropiación de la plusvalía por parte del capitalista
Uff! Duro el comentario del usuario anónimo. No obstante, aunque confieso que no he leído el comentario pertinente de Ortega y Gasset, debo señalar que la categoría "valor" sólo puede ser asignada por un ente conciente (sean personas, sea Dios para los creyentes) y por lo tanto sigo pensando que si no hay nadie para "valorar" el concepto valor no existe. Precisamente para suponer que la vida de un niño tiene valor su mirada tiene que hacerse desde fuera del niño: o yo pienso que tiene valor, o un Dios piensa que lo tiene. Pero si no creo que exista un Dios y no creo en la "raza humana" no puedo hablar de un "valor" de la vida humana. Debo precisar que, como católico, por supuesto creo en el valor de la vida del niño, por el Dios de quien es imagen y semejanza, razón por la cual le veo un "valor" diferente al de un árbol. En todo caso, tu punto sobre el aborto no deja de ser interesante, si lo llevamos al límite mercantil: ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar los que creemos en el valor de esa vida por rescatarla? (Cuidado con la respuesta, porque la misma pregunta es la que ha dado origen a la "industria" de los secuestros express). En todo caso, tienes razón en que toda esta reflexión va más allá de la humilde intención del post original.
Por supuesto que todas las cosas tienen en si un valor intrinsico; es decir, una "cosa" representa materia y/o enrgía. Bajo ese aspecto, todo tiene un valor. Pero el valor que le asociamos es producto de nuestras necesidades, y de la disponibilidad del bien; por lo que, aun cuando todo tenga un valor, yo le voy a asignar un valor personal a algo, sin fijarme realmente en su valor intrinsico (vaso de agua en el desierto, o en una selva al lado de un rio limpio).
Entonces, aun cuando las cosas tiene un "valor propio", para mi ese valor no necesariamente va a ser el que yo le otorgue para mi consumo personal.
Estoy en desacuerdo con el usuario anonimo que afirmó: "No olvidemos que los criterios de utilidad son solo herramientas que nos permiten modelar una realidad que es objetiva y superior a nosotros"
Los criterios de utilidad, son, en mi punto de vista, herramientas completamente subjetivas, ya que antañen a un solo individuo en si, y a la vez totalmente objetivas, ya que muestra la realidad de una persona especifica.
Los criterios de utilidad para una persona, no pueden ser superiores a esa persona, ya que son creados por ella misma, y por lo tanto no podemos pretender creer que algo que puede ser variable, modificable, e incluso destruido por cierto individuo, va a ser superior a él.
Concuerdo con Andrés Illanes, en lo relativo al valor de una persona... si puedo asignarle el valor a un arbol (venderlo como leña, metro ruma, etc), pero no creo ser capaz de asignarle un valor monetario a la vida de un ser humano.
Ojo. El "valor" de una persona con nombre y apellido tal vez no nos atrevamos a dimensionarlo, como dice José Miguel, pero todos los días le asignamos valor a la vida desde el punto de vista estadístico: cada vez que dejo de invertir en una acción que potencialmente salva vidas estoy implícitamente diciendo que el valor de esa vida multiplicado por la reducción de riesgo asociada a la acción que deseché, es menor que el costo de esa acción.
Es un tema fascinante, porque repugna completamente al discurso oficial, pero cada vez que voy al circo en vez de destinar ese valor a pagar por una medida de seguridad de alguien, le puse un precio a la vida de ese alguien. La gracia es que es un alguien sin apellido... estadístico... porque ni tonto me gastaría en circo el monto destinado a la vacuna que salvará la vida de mi propio hijo...
Un ejemplo más de cómo "razonamos" los hombres...
Me gustó el artículo, pero en realidad sólo estoy escribiendo para responder al comentario del usuario anónimo.
A pesar de que sólo escribes afirmaciones sin detenerte a fundamentarlas debidamente, dando nombres de filósofos "contemporáneos" importantes sin señalar por qué dicen lo que efectivamente dices que dicen, sólo puedo decir que no creo que a los economistas les corresponda combinar sus creencias religiosas (que dependen de cada persona y por tanto son subjetivas) con los supuestos económicos que se basan en principios racionales (o que al menos en teoría tratan de serlo). En consecuencia, no veo la pertinencia ni mucho menos la base teórica o argumentativa de tus palabras (que en realidad no la diste) en cuanto al supuesto valor intrínseco de las cosas. Digo esto porque asumir tal valor "intrínseco e infinito" de los objetos o una supuesta "realidad objetiva y superior al hombre" a la que te refieres, necesariamente debe remitirse a com tú percibas el mundo de acuerdo a tus propias creencias y consecuentemente a cómo tu decides interpretarlo a partir de ellas. De este modo, tratar de expandir una visión personal a todo un grupo de personas así como a la rama económica en general es algo tan impositivo como lo es fatuo y, aún más, incorrecto si lo que se persigue es la estructuración racional de los fundamentos económicos a partir de los cuales se basa el modelo que estudiamos.
Por último tu alusión respecto al aborto y a la ya famosa píldora del día después no es más que otro ejempo de un juicio moral subjetivo que hasta cierto punto se desprende -o al menos se relaciona- con las crencias religiosas-morales individuales, es decir, subjetivas, de manera tal que tampoco tienen relevancia alguna para una teoría económica sólida, rigurosa, y que al menos aspire, como espero que lo haga, a ser ciencia.
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